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Borja, David, Quintín y yo llegamos a Mugumu el pasado lunes 2 de agosto. Este equipo se irá el día 16 de agosto, al tiempo que otros 5 voluntarios les reemplazarán. Beatriz, Patricia, Sonia, Nacho y Jesús son lo siguientes. Todos ellos, junto con los otros 12 que ya han pasado por aquí, son el verdadero motor del proyecto. El paso de tantas cabezas pensantes ha dejado una huella indeleble en el proyecto. Sus ideas, sus conocimientos y sus ganas de ayudar han convertido a Maji ni Uhai en un ejemplo de buenas prácticas, de innovación y de solidaridad.

¿Sabéis por qué hemos ganado el Premio Europeo de Sostenibilidad? Porque Ferrovial es la única empresa en toda Europa que está haciendo algo así. Y eso es un orgullo, así como lo es saber que nuestros diseños de tanques de almacenamiento y sistemas de gravedad ya están siendo imitados en el resto de Tanzania, tanto por los gobiernos regionales como por otras ONGs. Y es que nuestros voluntarios marcan la diferencia.

¿Qué estamos haciendo ahora? Diseñando dos nuevos sistemas de gravedad, re dimensionando otros 5 tanques de almacenamiento de agua de lluvia para aumentar su capacidad, excavando para la instalación de 12 pozos de anillos filtrantes y supervisando in situ todas las obras que están en ejecución. El próximo equipo de voluntarios se encargará de hacer una campaña de análisis de calidad de agua, de actualizar los mapas, de continuar con la supervisión de las obras y de identificar posibles nuevas infraestructuras.

El proyecto avanza. Tras dos años de ejecución, estamos entrando en la recta final. Y aunque aún nos queda un año más, algunos resultados ya son evidentes. En el hotel Giraffe siguen tardando una hora y media en traer la comida, los líderes locales siguen siendo un desastre en su gestión, el Distrito continua funcionando con escasos recursos, en definitiva, esto sigue siendo el Serengueti, pero con una diferencia. Ahora abrimos un grifo y sale agua a raudales, la gente de las comunidades beneficiarias nos sonríen aún más ampliamente que antes y cada vez creen más y más en nosotros. No sólo no hemos defraudado sus expectativas, sino que las hemos superado. No hay mejor premio que su gratitud.

Nos piden más. Más agua, más letrinas, más proyectos. Ahora que confían ciegamente en nosotros, nos piden que nos quedemos con ellos, que no les abandonemos, que continuemos ayudándoles porque siguen necesitándolo. Hemos hecho mucho, pero se puede hacer mucho más. Cuando el proyecto termine, en Julio de 2011, seguirá habiendo mucha gente sin acceso a agua segura. ¿Por qué no soñar con una cobertura de agua total? Ya que hemos ganado un premio europeo, ¿por qué no convertirnos en los primeros en alcanzar, e incluso superar los Objetivos de Desarrollo del Milenio? ¿Por qué no llevar nuestro compromiso con el Serengueti hasta el final?

Lo difícil ya está hecho. Hemos montado toda la estructura necesaria para ejecutar un proyecto de esta magnitud. Nos hemos ganado la confianza de la comunidad y de las autoridades locales. Hemos limado y ajustado los engranajes de la colaboración con Amref/Flying Doctors, quienes nos han permitido asumir el papel de actor directamente implicado y no el de mero donante. En Serengueti ya todo el mundo conoce a Ferrovial, nuestros voluntarios no son sólo bienvenidos, si no que son esperados como agua de mayo. Entonces, ¿ por qué no demostrar que con un verdadero compromiso se puede cambiar el mundo?
Sabemos hacerlo. Podemos hacerlo. ¡Hagámoslo!

Ya somos un ejemplo a escala europea. ¡Seámoslo a escala mundial! En el plazo de otros 3 años, con un pequeña pero constante inversión, los resultados podrían ser espectaculares; únicos a lo largo y ancho del mundo. Haciendo unas pocas infraestructuras más por año y enviando más voluntarios podríamos alcanzar la cobertura total en el Serengueti. Es un sueño, sí, pero un sueño calculado con la misma precisión con la que nuestros ingenieros han hecho realidad el acceso al agua en uno de los lugares más pobres del mundo.

Maji ni Uhai. ¡El agua es la vida!

Escrito por Roger Calabuig

En cada post adjuntaremos un vídeo de las infraestructuras que el proyecto está construyendo en el Distrito de Serengueti.
Aquí os dejamos el primero de ellos, los tanques de almacenamiento de agua en Serengueti.

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Aunque este blog ha estado en silencio durante algún tiempo, en el Serengueti se ha escuchado “Maji ni Uhai” más alto que nunca. Los trabajos de construcción no han parado durante un año y el esfuerzo de todos los que habéis participado en este proyecto empieza a materializarse en forma de pozos, charco dams, sistemas de gravedad y de captación de lluvia y letrinas para las escuelas.

No ha sido fácil, en África nunca lo es. Cuando los voluntarios de la comunidad comenzaron las excavaciones para las letrinas, se encontraron con un subsuelo rocoso que ha destrozado picos, palas y otras herramientas, y que ha retrasado la construcción.

A pesar de todo, ¡ya podemos celebrarlo! La primera fase se ha concluido. Los habitantes de Bulunga y Nyamisingisi, por ejemplo, ya están beneficiándose del agua de sus charco dams. Y lo están haciendo bien porque han recibido formación en prácticas de higiene.

Tampoco la formación ha cesado en este último año, tanto a las comunidades como a los técnicos locales. Carlos, nuestro expatriado, acabó su trabajo en la zona pero ha dejado a un equipo local bien cualificado y preparado para trabajar de forma autónoma.

En septiembre volvimos a necesitar voluntarios de Ferrovial. Ezequiel estuvo supervisando las construcciones y transfiriendo sus conocimientos al equipo tanzano. Gracias a él y al interés que ponen las comunidades de la zona en aprender, podemos volver a decir que seguimos a buen ritmo.

En esta etapa del proyecto, hemos podido apreciar realmente el buen trabajo de sensibilización que han hecho desde Amref Tanzania. Las comunidades locales están volcadas. Cada vez que hemos necesitado ayuda, para excavar zanjas o acarrear arena, decenas de personas se han presentado voluntarias para trabajar en un proyecto que consideran como propio.

La primera fase se ha concluido, sí, pero no habrá pausa. Pronto os traeremos noticias sobre lo que queda por hacer y la forma en que lo haremos. Seguid atentos porque necesitaremos vuestra ayuda: la de los voluntarios porque surgirán dudas, las de los empleados de Ferrovial porque necesitaremos nuevos voluntarios y la de todos los que os interesáis por la cooperación y por un proyecto tan innovador como éste porque vuestras sugerencias son las que lo harán crecer. Este blog es nuestra pequeña ventana al mundo… pero también la vuestra.

Pozo de agua
Y ahora que ya tenemos infraestructuras, que podemos poner una foto de un grifo del que sale agua, ahora es el momento de contar lo que estamos haciendo y lo bien que lo hacemos. Queremos que se sepa que otra forma de cooperación es posible, que una empresa y, sobre todo, las personas que la forman, pueden ser algo más que donantes, pueden ser socios para hacer realidad ese mito de la “sinergia”: que uno más uno son más de dos. Nosotros estamos convencidos, y vosotros ¿creéis que es posible?.

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Es difícil reflexionar sobre cómo te sientes en ciertas situaciones, y cómo explicar todos los matices de esas sensaciones.

 

Escribí este texto poco después de pasar un día recorriendo la Sabana, cuando ya llevaba varios días deambulando por Tanzania. Días después tuve la posibilidad de subirlo al blog. Decidí no hacerlo. Era un texto difícil para mí, que no sabía (ni creo que llegue a saber) cómo afrontar. Desde  aquel día lo he reescrito varias veces. Ninguna me ha convencido. De hecho, no creo que llegue a hacerlo nunca.

 

Así que he borrado todo, lo he vuelto a escribir del tirón, y lo he subido. Lo que salga está bien. Ni siquiera lo he releído para corregir fallos. A veces es mejor poner las cosas tal cual salen y luego reflexionar sobre ellas. Creo que es la única manera de afrontar un texto como éste, con espontaneidad.

 

Perdonad por las faltas de ortografía que pueda tener. Esta manera de escribir ha dado lugar a un texto un poco desestructurado e inconexo, pero muchas veces los pensamientos funcionan así. Para solucionar un poco esto, lo he estructurado en base a citas de personas mucho más inteligentes que yo, que han reflexionado sobre estas cosas de manera más profunda y, sobretodo, con más experiencia en la vida (la mía es escasa, aunque eso se cura con el tiempo).

 

El texto es demasiado largo, así que he tenido que dividirlo en varias partes, lo cual no me hace gracia, pero es lo que hay. El próximo día subo la ultima parte.

 

“Cada minuto que estaba allí quería huir. No quería ver esto. ¿Cortaría y saldría corriendo o sería capaz de asumir la responsabilidad de estar ahí con la cámara?”

(James Nachtwey, fotógrafo de guerra. 2 veces ganador del World Press Photo)

 

Un cubo verde apareció tras unos matorrales. Yo solo veía el cubo, no lo que había debajo. Parecía que el cubo flotaba en el aire. Por supuesto, sabía que bajo ese cubo verde se encontraba la cabeza de una mujer (el cubo estaba demasiado alto para llevarlo un niño). El cubo comenzó a rodear los matorrales que servían de valla para que el ganado no entrase al charco de donde las personas cogían el agua.

 

Una vaca había demostrado ser más lista que los constructores de la valla, y estaba bebiendo tranquilamente en medio del charco.

 

Yo estaba grabando a la vaca mientras bebía, sin prestar mucha atención a mi alrededor. Había visto el cubo verde pasar, pero no le había hecho demasiado caso. El cubo verde se posó en el suelo, frente a la vaca. Sentada al lado del cubo, su propietaria: una chica negra que aparentaba una edad parecida a la mía, lo que en Tanzania significa que tendría unos cuantos años menos. Para los tanzanos se puede aplicar algo parecido a lo que se dice de la edad de los perros: que un año canino equivale a 7 humanos. En Tanzania, un año occidental equivale a varios tanzanos. La chica tendría unos 17 años, calculo. Aunque aparentaba bastantes más.

 

La chica del cubo verde simplemente esperaba sentada, mientras nos miraba con extrañeza: un grupo de blancos que cogía agua, la metía en botellines y apuntaba algo con un rotulador; mientras otro más joven daba vueltas en torno a la vaca, grabando con una cámara.

 

Sobre el charco de agua, en una pequeña elevación de piedra, había un pequeño pozo. O más bien podríamos decir un agujero en el suelo con unos pocos centímetros de agua en el fondo.

 

Dejé a la vaca bebiendo tranquilamente y subí a grabar el agujero en la piedra. Tras unos segundos grabando, me agaché para hacer unos ajustes en la cámara, que en ese momento estaba haciendo cosas raras con el enfoque. Noté movimiento a mi espalda, así que me giré.

 

No fui capaz de reaccionar: la chica del cubo verde, embarazada a sus 17 años ( luego nos dijeron que no era ni la primera ni la segunda vez) se estaba metiendo en el agujero del suelo. Un agujero inmundo, estrecho y pequeño, con un poco de agua en el fondo. Todos los que estábamos allí nos quedamos petrificados. No nos podíamos creer que esa chica se metiera en ese agujero asqueroso, y encima estando embarazada, mientras los hombres miraban la situación tan tranquilos, hablando de sus cosas.

 

Todo el mundo se horrorizó, se deprimió, habló de lo injusta que era la vida de esa chica, se indignó ante la pasividad de los hombres que ni siquiera miraban a la chica. Mis compañeros se quedaron paralizados sin poder continuar con su trabajo, mientras todo sucedía ante nuestros ojos.

Unos tristes, otros enfadados, observaban impotentes la escena.

 

Yo tenía otro papel distinto al suyo: tenía que sacar fotos y grabar aquello. Ser un profesional. Para eso estaba allí. ¿Sería capaz de asumir la responsabilidad de estar ahí con la cámara?

 

No.

 

Me explico: llevaba ya varios días por Tanzania, grabando y fotografiando lo que veía. Tras el impacto inicial había conseguido abstraerme de la mayoría de las cosas. Al principio es más duro, luego es más fácil. Es como una gota que cae en el agua, las primeras ondas son más fuertes, luego todo se va diluyendo.

Las personas tenemos bastante facilidad para acostumbrarnos a las cosas, incluidas las desgracias ajenas. De hecho, mientras sea ajeno no suele causarnos excesivo problema. Así que veía mujeres y niños caminando por el borde del camino acarreando cubos de agua y yo me dedicaba a grabar, preocupado por conseguir la mejor imagen posible, pendiente de la luz, del encuadre y de cuántos segundos necesitaba de ese niño cargando con el cubo de 20 kilos para que me quedase bien en el montaje. ¡Cuántos segundos!

 

No es fácil reconocer cómo puedes permanecer impasible ante ciertas cosas que ves. No se qué haría otra persona en mi lugar, pero yo reaccionaba así y hacía mi trabajo lo mejor posible.

 

Cuando vi a la chica del cubo verde meterse en el pozo, fue la primera vez que sentía el impulso de tirar la cámara y ayudarla. Coger el cubo y levantarlo, caminar hasta su casa, ahorrarle ese esfuerzo. Ahorrárselo por una vez.

 

Pero no lo hice, y me puse a grabar. Incluso le pedí a un compañero que fuera a buscarme la cámara de fotos, que no había tenido tiempo de sacar de la mochila, para no dejar de grabar lo que ocurría.

 

Digo que no fui capaz de asumir la responsabilidad de estar ahí con la cámara porque no estaba preparado, la escena me desbordó, tardé en reaccionar y tenía la mente ida, no puesta en el trabajo.

 

A mí me encanta rodar, y me encanta hacer fotos. Me siento bien cada vez que aprieto el botón de REC, o cada vez que suena el “clack” del obturador. Pero aquí no me sentía tan bien. No quería estar grabando. Quería hacer algo.

 

Racionalizándolo después, te das cuenta de que no deja de ser egoísmo por tu parte, que lo único que vas a conseguir cogiéndola el cubo es que tú te sientas un poco mejor contigo mismo. Nada más. A ella no la vas a ayudar por que la lleves el cubo ese día. Mañana todo sigue igual. Incluso la estás insultando por ello, se puede ofender por ese desprecio que le haces.

 

Esto lo ejemplifica mejor que nadie Ryszard Kapuściński: “la cuestión del agua, sin ir más lejos: hay que acarrearla desde la bomba, que está al otro extremo de la calle. Es trabajo de los niños. Las mujeres lo hacen a veces, pero los hombres, jamás. Y de repente, ante el pozo, se planta un señor blanco haciendo cola junto con los niños. ¡Ja, ja, ja! ¡Imposible!…” (Ébano, pag. 119)

 

Esto puede generar un debate y habrá mucha gente que no esté de acuerdo. Evidentemente todo cuenta, todo es un gesto y una ayuda. Pero en este caso al final todo sigue igual. La ayuda debe ser algo permanente. Debe ser un cambio sustancial.

 

La chica ni siquiera quiere que la ayudes. Aún más que la propia imagen de una chica embarazada metiéndose en un agujero en el suelo, lo que me llamó la atención es la dignidad de esa chica. Siempre con la cabeza bien alta, orgullosa ante todo. Los tanzanos son orgullosos por naturaleza.

Cuando los hombres que estaba allí vieron lo horrorizados que estábamos nosotros ante esa situación que ellos veían tan normal, se avergonzaron, dejaron su conversación y fueron a ayudarla a sacar el cubo verde del pozo.

 

Ella no les dejó. Les apartó y sacó el cubo sola. El segundo cubo que llevaba, algo más pequeño que el verde, tuvieron que arrebatárselo de las manos para que la chica les dejase sacarlo. Luego ella salió, se colocó el cubo sobre la cabeza, cogió el otro con la mano y se marchó. La sensación de dignidad que transmitía la chica era impresionante. Puede parecer raro que en una situación de ese tipo lo que más me llegase fuese eso, pero dignidad es la palabra con la que yo definiría esa escena.

 

Por eso tu ayuda a esa mujer no es ayudarla a sacar agua del pozo un día. Tu ayuda es que el proyecto sea un éxito y esa chica tenga agua segura para beber sin tener que meterse en un agujero. Y tu contribución al proyecto es que la gente sepa que hay una mujer embarazada que se tiene que meter en un agujero todos los días para conseguir agua.

 

O eso quieres creer.

 

Así que grabas. Y tomas fotografías. Y lo haces mal, la verdad, porque no estás para concentrarte en conseguir el mejor plano posible. Grabas y punto. Lo que salga. Te dejas llevar.

 

Decía Robert Capa que “si tus fotos no son lo suficientemente buenas es que no estás lo suficientemente cerca”.

 

Pero ésta vez voy a llevarle la contraria al señor Capa. Yo estaba cerca, cerquísima, tanto que podía ver los músculos tensionarse al levantar el cubo, podía sentir el esfuerzo de sacar aquellos 20 kilos de peso de ese agujero. Podía oír la respiración entrecortada de la chica. Podía ver su mirada diciéndole al hombre que no necesitaba su ayuda.

Y siendo sincero, mis fotos (o en éste caso mi grabación) son bastante malas. Las imágenes están mal encuadradas, temblorosas, la luz es pésima, el sonido inexistente… Mis imágenes son malas, poco profesionales. Pero me da igual.

Técnicamente no están bien, pero su fuerza, y lo que significan, lo que transmiten, eso si que está presente. Y supongo que a eso se refería Capa.

 

Salvo ese momento con la chica del cubo verde, el resto del tiempo no tuve excesivo problema para realizar mi trabajo. Únicamente en 2 ocasiones más se volvió complicado seguir grabando y fotografiando: hablando con una niña de 9 años y con la mujer del bebé, aquella de la que hay una foto en blanco y negro unos cuantos posts más atrás. Sin embargo, incluso en estas situaciones pude separar las cosas, abstraerme de lo que veía y oía y hacer mi trabajo.

 

La chica del cubo verde me había enseñado unas cuantas cosas sobre mí mismo y sobre mi trabajo.

 

(Foto: Roger Calabuig)

 

“De tanto hacer que no veía, me quedé ciego”,  decía una viñeta de El Roto que leí hace tiempo.

 

Mirar por el objetivo de una cámara supone quedarte ciego. 

 

Paradójico, ¿no?

 

Con las fotos, y con las horas grabadas en Tanzania, me ha pasado algo que no esperaba que me ocurriese. Mientras grababa o hacía fotos, estaba concentrado, preocupado en conseguir la mejor imagen posible. Las historias que me contaban, el dolor que padecía esa gente, la falta de esperanza que transmitían las palabras que escuchaba, no me llegaban, ni siquiera me enteraba de lo que me contaban. Es como si todo el sufrimiento no fuese capaz de atravesar el obturador de la cámara, se quedase grabado en la foto y no llegase a mí.

No es algo de lo que sentirse especialmente orgulloso, pero supongo que también es lo adecuado para unas circunstancias de éste tipo.

Pero cuando horas después veía las fotos para ordenarlas, cuando veía las imágenes grabadas para hacer un pequeño montaje o para minutar las cintas, entonces es como si todos los sentimientos, todas las sensaciones que no habían pasado más allá de la cámara, llegasen de golpe. Ya no son imágenes sin más, ahora son historias de gente que conozco.

 

Supongo que es como cuando la gente ve a un mendigo en su ciudad. La mayor parte de las veces todo el mundo los obvia, ni siquiera repara en ellos. Hacemos como que no los vemos. Cuando si te das cuenta de su presencia, cuando te preguntas cómo vive, cómo ha llegado hasta esa situación y qué le deparará el futuro, es cuando te afecta. Cuando uno piensa en esa persona es cuando se conmueve, cuando siente la necesidad de ayudarla.

 

Y supongo que lo que quiero es que la gente no se quede ciega de tanto hacer que no ve. Que aunque apartemos la mirada, siempre haya algo delante que nos recuerde que el mundo es injusto y que debemos hacer algo para cambiarlo. Que otro mundo es posible.

 

¿Porqué no?

 

Continuará…

Escrito por Enrique Torralbo.

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WATER IS LIFE

Summer in Madrid is hot, much like in Mwanza. I miss the view of Victoria Lake while I read this inspiring article in the Tanzanian newspaper Daily News

It talks about a new three-year Community-Based Water, Hygiene and Sanitation project in Serengeti District, Mara Region, designed to benefit thousands of people in five wards (Isenye, Ring’wani, Kyambahi, Kebanchebancha and Natta).

Run in tandem by Amref and Ferrovial, the project will contribute to Tanzania’s overall objective of reducing by half the number of people without sustainable access to safe drinking water and adequate basic sanitation services by 2015. For that purpose, the people of Serengeti will be involved through participatory planning and monitoring of all activities.

 

I can’t help taking a deep breath. This is finally a reality, that which we envisioned -and hoped for- while we filmed this 15mn video in those wards barely a year ago.

 

Now I have no doubts. It was all true. Corporations, NGOs and Governments are to join forces and provide clean water, the origin of life (particularly in the Serengeti, where the very first humans were found).  The World must be for those who dream dreams, and are willing to pay the price to make them come true.

Writen by Jesús Valbuena

 

See Part I (1 of 2):

 

See Part II (2 of 2):

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El primer grupo de voluntarios ya ha comenzado el trabajo de campo. Y a pesar de las enormes dificultades tecnológicas (siendo francos: están en medio de la nada y allí pocas oportunidades hay para comunicarse con nosotros) están estrujándose el cerebro para hacernos llegar sus primeras impresiones.

Ahí van, recién salidas del horno:

Primer día en el campo. Hemos conocido a los muñequitis y hemos conocido la realidad de los pozos. Es difícil de creer que la gente beba ese agua, pero lo hemos visto con nuestros propios ojos. Un insignificante caramelo, como puede cambiar así la cara de un niño!
De momento los únicos animales salvajes que hemos visto somos nosotros, eso si, para cagadas las de los elefantes! No les hemos visto, pero los hemos olido. Como podemos caber 15 personas en un coche??
Algunos ya hemos renovado la flora y la fauna intestinal, hemos pasado de 6 comidas diarias a 2, de las 8 de la mañana a las 7 de la tarde sin probar bocado.que buena está la cerveza serengeti, y nada más, que hakuna matata!
Y que a ver si nos escribís algo, no??

Caminando a por agua agua al amanecer

Y dado que aún no contamos con fotos, subo sus primeras impresiones junto con un pequeño dibujillo, pasado por photoshop, para darle un poco de color al asunto.

Escrito por Enrique Torralbo.

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¿Cómo sería tu vida si no tuvieses agua? ¿Cómo sería tu vida si tuvieses que caminar horas y horas, de sol a sol, para conseguir un poco de agua? 

Así sería si vivieses en Tanzania. 

Parte 1:

Parte 2:

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Escrito por Roger Calabuig:

Por primera vez siento que tengo un sitio al que volver, porque por primera vez me siento parte de algo.  

Hasta ahora, mis valores y mis circunstancias me habían llevado de un extremo al otro del mundo para trabajar en aquello en lo que creía. Pero era yo; un individuo. He trabajado para una y otra organización, pero como lo hace un mercenario o un lobo estepario.  

En ocasiones, detrás de mi no había ni un equipo ni un apoyo, sólo un logotipo, vacío de contenido. En otras ocasiones si había apoyo y buena voluntad, pero ni unidad ni cohesión. Por unas u otras razones, no me había sentido nunca parte de algo, nunca he podido decir “pertenezco a …”. Así pues, ante esa falta de sentimiento de pertenencia, cuando dejaba de creer, sencillamente me iba. 

Hoy estoy en Tanzania, un país que amo y conozco bien, poniendo en marcha una iniciativa pionera, cargada de ilusiones y con vocación de convertirse en un ejemplo para otros.  

Hoy estoy solo, y sin embargo, no me siento solo. Siento la calidez de mis compañeros en mi espalda y el respaldo de toda una organización sosteniendo cuanto hago. He comprendido que una institución no es un ente etéreo, sino el conjunto de las personas que lo forman. Mis compañeros. Esos seres humanos, cada uno de su padre y de su madre, que no sólo me apoyan a mí, sino que todos aportan su granito de arena para que esto salga adelante. Ellos me han acogido y me han hecho sentir uno más, han hecho que deje de ser estepario, para ser gregario. Gracias chicos y chicas de mi departamento. Sois geniales.  

Como decía, hoy estoy en Tanzania emprendiendo algo que no hubiera sido posible sin el esfuerzo de todos. En el tiempo que llevo en esta empresa, ha habido momentos en los que dejé de creer. Pero junto a mí había todo un equipo que me sostuvo y me levantó, y no me fui. Hoy puedo decir que una de las mejores decisiones de mi vida ha sido quedarme, porque hoy mis ojos han visto que esto ya está en marcha, y mi corazón ha creído que lo vamos a conseguir. 

50.000 de las personas más pobres del mundo nos están esperando y sé que no les vamos a fallar. Nuestro presidente ha firmado su compromiso, mis jefes no han dejado de pelear por ello ni un segundo, y mis compañeros han arrimado el hombro cuando ha hecho falta. Once voluntarios de nuestra empresa, profesionales altamente cualificados, están a punto de llegar para poner su tiempo y su conocimiento al servicio de esas 50.000 personas, quienes malviven y mueren por algo tan básico como tener acceso a agua limpia.  

Hoy puedo decir con orgullo que pertenezco a una empresa que no mira para otro lado ignorando a esas personas, que no elude su responsabilidad ante la tarea común de crear un mundo más justo, una empresa formada por individuos que creen y hacen creer, una empresa con alma humana que ha comprendido que los fines económicos no están reñidos con los sociales. ¿Se puede construir una autopista en un lugar donde la renta per capita es de un 1 dólar al día? ¿Quién va a circular por ellas? Igualdad de oportunidades es equivalente a mayores beneficios para todos.  

Se avienen tiempos difíciles. “El futuro ya no es lo que era”. Soluciones, innovación, respeto, integridad. Esa es nuestra empresa. Cuando veo nuestro logotipo, sonrío porque en él veo a las personas que me han dado su cariño y su apoyo, que me han hecho soñar y luchar por mis sueños, que han hecho que me sienta en casa, en familia.  

Aquí, cuando la gente me ve, dicen: Ferrovial. Y yo pienso sí, yo soy Ferrovial, pero no, no soy yo solo. Somos más de 100.000 alrededor del mundo.  

Ha llegado mi cena. Exquisita cabra chamuscada con un poco de arroz. ¡Esto es vida! Y el agua también… 

Maji ni… Uhai!

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