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Posts Tagged ‘voluntariado’

Borja, David, Quintín y yo llegamos a Mugumu el pasado lunes 2 de agosto. Este equipo se irá el día 16 de agosto, al tiempo que otros 5 voluntarios les reemplazarán. Beatriz, Patricia, Sonia, Nacho y Jesús son lo siguientes. Todos ellos, junto con los otros 12 que ya han pasado por aquí, son el verdadero motor del proyecto. El paso de tantas cabezas pensantes ha dejado una huella indeleble en el proyecto. Sus ideas, sus conocimientos y sus ganas de ayudar han convertido a Maji ni Uhai en un ejemplo de buenas prácticas, de innovación y de solidaridad.

¿Sabéis por qué hemos ganado el Premio Europeo de Sostenibilidad? Porque Ferrovial es la única empresa en toda Europa que está haciendo algo así. Y eso es un orgullo, así como lo es saber que nuestros diseños de tanques de almacenamiento y sistemas de gravedad ya están siendo imitados en el resto de Tanzania, tanto por los gobiernos regionales como por otras ONGs. Y es que nuestros voluntarios marcan la diferencia.

¿Qué estamos haciendo ahora? Diseñando dos nuevos sistemas de gravedad, re dimensionando otros 5 tanques de almacenamiento de agua de lluvia para aumentar su capacidad, excavando para la instalación de 12 pozos de anillos filtrantes y supervisando in situ todas las obras que están en ejecución. El próximo equipo de voluntarios se encargará de hacer una campaña de análisis de calidad de agua, de actualizar los mapas, de continuar con la supervisión de las obras y de identificar posibles nuevas infraestructuras.

El proyecto avanza. Tras dos años de ejecución, estamos entrando en la recta final. Y aunque aún nos queda un año más, algunos resultados ya son evidentes. En el hotel Giraffe siguen tardando una hora y media en traer la comida, los líderes locales siguen siendo un desastre en su gestión, el Distrito continua funcionando con escasos recursos, en definitiva, esto sigue siendo el Serengueti, pero con una diferencia. Ahora abrimos un grifo y sale agua a raudales, la gente de las comunidades beneficiarias nos sonríen aún más ampliamente que antes y cada vez creen más y más en nosotros. No sólo no hemos defraudado sus expectativas, sino que las hemos superado. No hay mejor premio que su gratitud.

Nos piden más. Más agua, más letrinas, más proyectos. Ahora que confían ciegamente en nosotros, nos piden que nos quedemos con ellos, que no les abandonemos, que continuemos ayudándoles porque siguen necesitándolo. Hemos hecho mucho, pero se puede hacer mucho más. Cuando el proyecto termine, en Julio de 2011, seguirá habiendo mucha gente sin acceso a agua segura. ¿Por qué no soñar con una cobertura de agua total? Ya que hemos ganado un premio europeo, ¿por qué no convertirnos en los primeros en alcanzar, e incluso superar los Objetivos de Desarrollo del Milenio? ¿Por qué no llevar nuestro compromiso con el Serengueti hasta el final?

Lo difícil ya está hecho. Hemos montado toda la estructura necesaria para ejecutar un proyecto de esta magnitud. Nos hemos ganado la confianza de la comunidad y de las autoridades locales. Hemos limado y ajustado los engranajes de la colaboración con Amref/Flying Doctors, quienes nos han permitido asumir el papel de actor directamente implicado y no el de mero donante. En Serengueti ya todo el mundo conoce a Ferrovial, nuestros voluntarios no son sólo bienvenidos, si no que son esperados como agua de mayo. Entonces, ¿ por qué no demostrar que con un verdadero compromiso se puede cambiar el mundo?
Sabemos hacerlo. Podemos hacerlo. ¡Hagámoslo!

Ya somos un ejemplo a escala europea. ¡Seámoslo a escala mundial! En el plazo de otros 3 años, con un pequeña pero constante inversión, los resultados podrían ser espectaculares; únicos a lo largo y ancho del mundo. Haciendo unas pocas infraestructuras más por año y enviando más voluntarios podríamos alcanzar la cobertura total en el Serengueti. Es un sueño, sí, pero un sueño calculado con la misma precisión con la que nuestros ingenieros han hecho realidad el acceso al agua en uno de los lugares más pobres del mundo.

Maji ni Uhai. ¡El agua es la vida!

Escrito por Roger Calabuig

En cada post adjuntaremos un vídeo de las infraestructuras que el proyecto está construyendo en el Distrito de Serengueti.
Aquí os dejamos el primero de ellos, los tanques de almacenamiento de agua en Serengueti.

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Maji ni Uhai no sólo es el mejor proyecto de cooperación promovido por una empresa en España sino que posiblemente lo es … ¡de toda Europa!

El pasado viernes la Comisión Europea anunció los 10 candidatos al Premio Europeo de Medio Ambiente a la Empresa a nivel continental, y nuestro proyecto es el único finalista en la categoría de “Cooperación Internacional para el desarrollo”. Os dejamos que saqueis vuestras propias conclusiones…

El nivel de esta competición es sorprendente: 141 candidaturas de 24 países diferentes y un jurado formado por 14 expertos en medio ambiente procedentes de la universidad, la empresa, el tercer sector y organismos públicos. Voluntarios, ¡os podeis sentir orgullosos de vuestro trabajo!

El 2 de junio se conocerán los ganadores en una ceremonia en Bruselas que coincidirá con la “Semana Verde” de la Comisión Europea, así que esperamos seguir informando desde la capital belga…

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Aunque este blog ha estado en silencio durante algún tiempo, en el Serengueti se ha escuchado “Maji ni Uhai” más alto que nunca. Los trabajos de construcción no han parado durante un año y el esfuerzo de todos los que habéis participado en este proyecto empieza a materializarse en forma de pozos, charco dams, sistemas de gravedad y de captación de lluvia y letrinas para las escuelas.

No ha sido fácil, en África nunca lo es. Cuando los voluntarios de la comunidad comenzaron las excavaciones para las letrinas, se encontraron con un subsuelo rocoso que ha destrozado picos, palas y otras herramientas, y que ha retrasado la construcción.

A pesar de todo, ¡ya podemos celebrarlo! La primera fase se ha concluido. Los habitantes de Bulunga y Nyamisingisi, por ejemplo, ya están beneficiándose del agua de sus charco dams. Y lo están haciendo bien porque han recibido formación en prácticas de higiene.

Tampoco la formación ha cesado en este último año, tanto a las comunidades como a los técnicos locales. Carlos, nuestro expatriado, acabó su trabajo en la zona pero ha dejado a un equipo local bien cualificado y preparado para trabajar de forma autónoma.

En septiembre volvimos a necesitar voluntarios de Ferrovial. Ezequiel estuvo supervisando las construcciones y transfiriendo sus conocimientos al equipo tanzano. Gracias a él y al interés que ponen las comunidades de la zona en aprender, podemos volver a decir que seguimos a buen ritmo.

En esta etapa del proyecto, hemos podido apreciar realmente el buen trabajo de sensibilización que han hecho desde Amref Tanzania. Las comunidades locales están volcadas. Cada vez que hemos necesitado ayuda, para excavar zanjas o acarrear arena, decenas de personas se han presentado voluntarias para trabajar en un proyecto que consideran como propio.

La primera fase se ha concluido, sí, pero no habrá pausa. Pronto os traeremos noticias sobre lo que queda por hacer y la forma en que lo haremos. Seguid atentos porque necesitaremos vuestra ayuda: la de los voluntarios porque surgirán dudas, las de los empleados de Ferrovial porque necesitaremos nuevos voluntarios y la de todos los que os interesáis por la cooperación y por un proyecto tan innovador como éste porque vuestras sugerencias son las que lo harán crecer. Este blog es nuestra pequeña ventana al mundo… pero también la vuestra.

Pozo de agua
Y ahora que ya tenemos infraestructuras, que podemos poner una foto de un grifo del que sale agua, ahora es el momento de contar lo que estamos haciendo y lo bien que lo hacemos. Queremos que se sepa que otra forma de cooperación es posible, que una empresa y, sobre todo, las personas que la forman, pueden ser algo más que donantes, pueden ser socios para hacer realidad ese mito de la “sinergia”: que uno más uno son más de dos. Nosotros estamos convencidos, y vosotros ¿creéis que es posible?.

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Hoy es mi último día de trabajo mano a mano con Carlos y el resto del

personal del proyecto. Mañana les dejo solos y las riendas las sujetarán
ellos. ¡Estamos en buenas manos!

Las cuatro licitaciones están avanzando mucho (todo lo que no ha avanzado
en 5 meses lo está haciendo ahora en 15 días). La semana que viene saldrá
el anuncio de las 2 primeras para la subcontrata de los charco dam y los
pozos profundos. El 7 de abril se hará el anuncio de las otras dos, la de
la subcontrata de los tanques de almacenamiento y la de provisión de
materiales de construcción para los sistemas de gravedad, los pozos de
anillos filtrantes y las letrinas públicas.

Estamos ahora revisando todos los pequeños detalles, que por pequeños que
sean, son muy importantes. Seguro que aún nos surgirán dudas y que os
necesitaremos para resolverlas.

Por ejemplo, a todos los Cadagua, para el análisis de la calidad del agua
de los pozos profundos, que parámetros analizariais? Decidme lo mínimo
imprescindible más lo recomendado. Se hará un análisis por pozo en el
momento de su puesta en funcionamiento, y será la empresa que lo perfore
quien lo haga, pero las condiciones se las ponemos nosotros.

Ignacio, no te pude responder al email. Yo no he visto el segundo aparato
topógráfico, no sé si tiene batería o no. Pertenece a una empresa que está
haciendo el charco dam de Mugumu. Puedo pedir que lo averiguen, porque yo
ya no estoy en Mugumu y no voy a volver, pero te advierto que llevará
tiempo conseguir la respuesta. Lo que sé es que me dijeron que estaba bien,
mejor que el del Distrito, pero que no es de los modernos. Esa es la
descripción más detallada que puedo darte en este momento. Jeje…esto es
África!

Cosimo. Lo de la conexión a internet para mandarte los sketch de los
tanques no ha sido posible. La semana que viene ya estaré en España, te los
haré llegar.

Ayer terminé la planificación de las tareas que tendrán los voluntarios de
este año. ¡¡¡Tenemos mucho que hacer!!! Empezaremos a primeros de junio y
no pararemos hasta mediados de septiembre. Este verano tenemos concentradas
todas las actividades de construcción, qué le vamos a hacer, aquí las
condiciones climáticas mandan. Nos van a hacer falta topógrafos, ingenieros
de agua, ingenieros civiles, de caminos, capataces, jefes de obra, expertos
en bases de datos, en audiovisuales, logistas, operarios de almacén y algunos más que os iré contando.

Anunciaremos el plan de voluntariado en la intranet, ya os avisaré. Os
quiero a todos apuntados!!!!!!!

Pronto abriremos los primeros grifos.

Avanzamos.

Gracias a vosotros.

 

Escrito por Roger Calabuig.


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Mis queridos voluntarios, ¡aún os necesitamos!

Tenemos ideas nuevas y dudas existenciales, así como el tiempo justo, así que aprovechamos el blog para haceros un llamamiento. ¡Por la voluntad y el buen hacer que habéis demostrado!

Juanjo, esto va para ti, aunque bienvenidas las ideas vengan de quién vengan. ¿recuerdas el charco dam de Nyamisinguisi? ¿El que hay que hacer entero nuevo? Hoy hemos estado allí y me he acordado mucho de ti, porque en esta época es impresionante la cantidad y variedad de fauna que hay allí. Entre los juncos esta lleno de nidos, hemos visto una tortuga gigante, más todas las aves que te puedes imaginar, incluida la grulla de tanzania, un ave extraordinaria y endémica. Además de los peces y el lagarto gigante aquél que me crucé el año pasado, los nenufares, las orquideas, etc. Total, que hemos pensado que ya que en esa comunidad está operando la única ong de medio ambiente de toda la zona, por qué no enviar voluntarios nuestros, en colaboración con esta ong que a su vez trabaja para el Parque Nacional del Serengeti, y poder inventariar, anillar, rescatar los huevos de los nidos, los bulbos de las flores y trasladar todos los animales que podamos a un lugar seguro antes de empezar a dragar. ¿ como lo ves? ¿ factible? ¿ que nos haría falta y cuánta gente? Tú nos dirás. 

Cosimo, el león que buscaba a su padre presidíarío me pregunta por ti….hemos pensado en meter una única línea principal en el sistema de gravedad de Sere, en lugar de dos paralelas. El Q en época seca es de 0,5, por lo que dos líneas no nos servirían de nada y no estaríamos reduciendo el tiempo de llenado. Seguimos apostando por la polypipe de 80 mm. Si hay alguna razón de peso para mantener tu diseño de 2 líneas paralelas, habla ahora o calla para siempre. 

También necesitaremos saber la presión en los puntos más bajos de la línea, para determinar las calidades de las tuberías. Vamos a por class b en los puntos más altos, es decir el comienzo de la línea y los remontes, que nos aguanta entre 6 y 20 bars, pero necesitamos saber la presión esperada en los puntos más bajos porque la diferencia de precio entre class c y d es considerable. La máxima presión que aguanta class d es 60 bars. Danos luz Horus! 

Tenemos los diseños de los tanques de almacenamiento ya listos, pero aquí no puedo adjuntar archivos, te lo envío cuando esté en Mwanza. Son archivos excell. 

Ignacio y Julio, Carlos ya os ha comentado alguna duda, así que ya sabéis, tenemos por delante el replanteo, tanto de los charco dam como de los sistemas de gravedad, ir pensando en la forma más sencilla y de menor equipamiento posible. ¿ cuanta gente nos hará falta? El replanteo está previsto para principios de junio. 

Bárbara, tú turno. Vamos a subcontratar la construcción de los tanques de almacenamiento de agua de lluvia. Son 19 de 45 m3 cada uno, en áreas muy distantes y con un tiempo de curado para la slab superior de 28 días, con lo que la logística si lo hiciéramos nosotros mismos sería una auténtica locura. Por lo tanto, ¿ tú nos puedes decir que porcentaje de más hay que meter en la licitación por la subcontrata? Al menos lo que meteis allí, y nosotros lo adaptaremos aquí. 

Quique y Guille, Carlos necesita saber que tamaño es el óptimo para subir vídeos al blog, como comprimirlos y trucos para subirlos al blog. 

A los de calidad de agua….nada por ahora! Pero gracias por seguir ahí. Pronto os necesitaremos también. 

Esperamos vuestras respuestas con ansia (y prisa…jeje). 

Gracias! Sois geniales!!!

 

Escrito por Roger Calabuig.

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Nota: el programa me descuadra los textos y no respeta las separaciones, no se porqué.

(Continúa de la anterior entrada)

Minutos después de dejar el pozo de la chica del cubo verde, me quedé bastante pensativo, reflexionando sobre lo sucedido.

 

“El sentimiento de culpa quizá tenía que ver con nuestra capacidad de ayudar. Manejar la culpa es fácil. Superar la incapacidad de ayudar es mucho más difícil, casi imposible.” (Greg Marinovich, fotógrafo ganador del premio Pulitzer).

 

Ésta frase del fotóperiodista sudafricano Greg Marinovich resume mi reflexión de esos momentos posteriores a dejar el pozo. No se trataba de sentimiento de culpa, en ningún momento he tenido ningún remordimiento, ni ningún problema por grabar o hacer fotos de la miseria humana que tenía delante. No creo que haya hecho mal, al contrario, creo que es un trabajo positivo, que contribuye al cambio.

 

Lo que me había dejado pensativo era la incapacidad de ayudar que teníamos en ese momento. Esa chica se había metido en un agujero a por agua, y a las pocas horas volvería a hacerlo. Y al día siguiente, y al siguiente, y al siguiente…

 

Lo que me devolvió la sonrisa, y me hizo volver a concentrarme en el trabajo y tratar de hacerlo cada vez mejor fue el pensar que sí teníamos capacidad de ayudar, que estábamos allí para realizar una acción concreta.

No se trata solo de denunciar una injusticia mediante una foto o un video. Se trata de denunciarla y ponerle remedio. Esa chica, dentro de unos meses, ya no tendrá que meterse en ese agujero.

 

Se habló después del episodio de la chica del cubo verde, como se habla siempre que sale éste debate ético sobre la fotografía, de esta famosa foto del fotógrafo sudafricano Kevin Carter:

La foto está tomada en 1993 en el poblado de Ayod, en Sudán, en el llamado triángulo de la hambruna (lo cito de memoria así que tal vez no sea del todo exacto)

 

Carter esperó durante 20 minutos a que el buitre extendiera las alas para que la fuerza de la foto fuese mayor. Al ver que el buitre no hacía nada, y simplemente se quedaba parado mirando, tuvo que “conformarse” con la foto que le haría ganar el premio Pulitzer.

 

Después, abandonó el lugar y se sentó a llorar bajo un árbol. Cuando un rato después regresó al lugar donde había hecho la foto, la niña ya no estaba allí. Nunca se supo qué ocurrió con la niña.

 

Al recoger el premio Pulitzer unos meses después, en 1994, Carter declaró:

“Es la fotografía más importante de mi carrera pero no estoy orgulloso de ella, no quiero ni verla. La odio. Todavía estoy arrepentido de no haber ayudado a la niña”.

 

Cuatro meses después, Kevin Carter se quitó la vida.

 

¿Qué hubieseis hecho vosotros en el lugar de Carter? ¿Hubieseis hecho la foto? ¿No la hubieseis hecho, a pesar de que ese era vuestro trabajo allí? ¿Cómo hubieseis actuado y, sobretodo, cómo os hubieseis sentido al día siguiente?

 

Yo hubiese hecho la foto.

 

Tal vez luego no hubiese actuado como él, pero creo que habría hecho la foto. No habría esperado 20 minutos pero sí habría hecho la foto con el mejor encuadre y la mejor exposición que fuese capaz de conseguir. Y si hubiese necesitado varios disparos, los hubiese hecho (vale, esto puedes hacerlo en 15 segundos, pero es una dura decisión de todas formas)

Luego habría llevado a la niña al reparto de comida que se encontraba a un kilómetro. Y después me pondría a llorar bajo un árbol.

 

La decisión de tomar la foto o ayudar a la persona que está delante del objetivo de la cámara no es nada fácil. Y supongo que varía en función de la situación. En el caso concreto de Carter, ¿de qué hubiese servido que hubiese ayudado a esa niña? Ese día todo hubiese ido bien, y al día siguiente, mientras Carter viajaba rumbo a otro lugar sintiéndose estupendamente, esa situación se hubiese repetido.

 

Entiendo perfectamente su sentimiento de culpa, la sensación de que no tendrías que darle al botón si no ayudar, pero siendo realistas, Carter hizo más con esa foto de lo que hubiese logrado de cualquier otra manera.

 

Esa foto removió la conciencia de millones de personas.

 

Hoy, sigue impactando y haciendo plantearse las cosas a gente de todo el planeta. Gracias a esa foto se recaudaron millones de dólares en fondos, se produjeron manifestaciones demandando soluciones, miles de cartas llenaron la redacción del New York Times (el diario que publicó la foto por primera vez) preguntando por la niña y por lo que ocurría en Sudán y en el resto de África.

 

La gente se preocupaba. Mucha gente cambió su mentalidad gracias a una única imagen.

 

Evidentemente después de hacer la foto debería haberla llevado al campamento. Pero también eso tendría que haberlo hecho con todas las personas que fotografió al borde de la muerte durante su carrera, y fueron muchas.

Kevin Carter

Foto: Kevin Carter

Nuevamente nos encontramos ante un difícil debate: ¿es ético lo que hacen los fotógrafos de guerra o todos ellos, ya que están allí, deberían dedicarse a ayudar a la gente?

 

Probablemente, Carter hizo más con esa foto que toda la gente que estaba repartiendo comida a un kilómetro de distancia. Por duro que pueda sonar. Evidentemente no son cosas comparables, pero para mí tan loable es repartir comida en un campo de refugiados como hacer esa foto. Y esa foto no la puede hacer todo el mundo, está al alcance de muy pocos.

 

Dicen que una imagen vale más que mil palabras. Esa foto vale mucho más. También dicen que una palabra vale más que mil imágenes.

 

Responsabilidad. Esa palabra vale más que mil imágenes. ¿Y cual es esa responsabilidad? ¿La de hacer la foto? ¿La de ayudar a la niña?

 

Quién sabe.

 

Unos deben centrarse en cosas concretas, como repartir un cuenco con arroz; mientras que otros deben centrarse en llegar a la gente que le da igual ese cuenco de arroz y que vive a miles de kilómetros de distancia y que cree que esos no son sus problemas. “Que se las apañen ellos solos, ellos se lo han buscado.”

Uno de los cómics que más me han gustado de los que he leído en los últimos años (y leo muchos cómics) se titula “Apuntes para una historia de guerra”, de un autor italiano llamado GIPI. En él sale otra frase que me ha hecho reflexionar sobre ésto:

 

“La guerra había llegado hasta nosotros el ocho de enero. Había otras guerras por ahí, claro, pero nosotros no teníamos nada que ver. Eran guerras de negros, guerras de árabes, guerras de eslavos. Nuestra guerra había empezado el ocho de enero, y en pocos días todo había cambiado”.

 

También lo digo de memoria, así que puede haber algún pequeño cambio en la cita. Pero refleja perfectamente que nuestra burbuja puede romperse en cualquier momento, y que todo lo que antes nos era lejano, cualquier día puede golpearnos en la cara.

Así que cuidado con pensar eso de “bah, esos no mis problemas”, porque cualquier día pueden convertirse en los tuyos.

 

Comenzaba éste texto con una cita de James Nachtwey, y con él termino:

“He sido un testigo, y estas imágenes son mi testimonio. Los sucesos que he grabado no pueden olvidarse y no deberían repetirse” (James Nachtwey)

Foto: James Nachtwey

Para mí, Nachtwey es el mejor fotoperiodista de la historia. Y la diferencia por la que él ha llegado a ser veterano y Carter se suicidó, es la actitud, la manera de afrontar las cosas, la manera de ver tu trabajo.

 

Y esa diferencia creo que es una cuestión de esperanza. Tener esperanza significa confiar en que las cosas pueden cambiar, deben cambiar y van a cambiar. Que lo que haces marca una diferencia, que aunque minúscula, es un paso adelante.

 

Que el “clic” que hace tu cámara es más poderoso que el “clic” de un gatillo. Tal vez en esto radica la responsabilidad de la fotografía.

 

Por eso al final seguía grabando y haciendo fotos, porque todo significa un pequeño paso adelante. En el caso del proyecto hay que dar muchos pasos: que los voluntarios hagan su trabajo, que los técnicos tanzanos aprendan de los voluntarios, que yo grabe y saque fotos, que tú leas esto, que haya proyectos de agua, de educación, de higiene y salud, que se alcancen los Objetivos de Desarrollo del Milenio. Que el proyecto sea un éxito.

 

Que 50.000 personas dispongan de agua, solo es el primer paso.

 

Y que como dice Nachtwey, no se olviden y no se repitan las cosas. Porque ahora vosotros también sois testigos.

 

Escrito por Enrique Torralbo.

 

PD: Una curiosidad para los que les guste un poco el fotoperiodismo: según se dice, el suicido de Kevin Carter vino motivado por 3 razones: el sentimiento de culpa por la famosa foto, las drogas, y la muerte de su mejor amigo, Ken Oesterbroeck, mientras fotografiaba un tiroteo, donde también fue herido Greg Marinovich.

Curiosamente, Oesterbroeck se encontraba a escasos metros de James Nachtwey cuando recibió la bala que lo mató.

Ken Oesterbroeck minutos antes de morir

Ken Oesterbroeck minutos antes de morir

Curiosamente, Nachtwey tiene una foto muy parecida a la famosa foto de Carter, solo que en vez de un buitre, aparece un hombre armado.

El mundo es un pañuelo. En éste caso, manchado de sangre.

 

PD2: Tras el suicidio de Carter, la foto adquirió un cierto aire de maldición que le ha restado parte de su fuerza inicial.

Recomiendo a todo el mundo que busque por Internet la biografía de Kevin Carter y del Bang Bang Club. Carter formaba, junto con Ken Oestrebreck, Joao Silva y el anteriormente citado Greg Marinovich un grupo de fotógrafos conocido como “The Bang Bang Club.”

A parte de ser interesante la historia de por sí, ayuda a entender mejor porqué Carter actuó como lo hizo.

 

PD3: también recomiendo a todo el mundo que visite la página web de James Nachtwey (www.jamesnachtwey.com) para ver sus fotos y que vea el documental “War Photographer”, dedicado a él y a su trabajo.

PD4: el texto realmente continuaba, pero creo que ya es excesivo con lo que hay.

 

 

 

 

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Es difícil reflexionar sobre cómo te sientes en ciertas situaciones, y cómo explicar todos los matices de esas sensaciones.

 

Escribí este texto poco después de pasar un día recorriendo la Sabana, cuando ya llevaba varios días deambulando por Tanzania. Días después tuve la posibilidad de subirlo al blog. Decidí no hacerlo. Era un texto difícil para mí, que no sabía (ni creo que llegue a saber) cómo afrontar. Desde  aquel día lo he reescrito varias veces. Ninguna me ha convencido. De hecho, no creo que llegue a hacerlo nunca.

 

Así que he borrado todo, lo he vuelto a escribir del tirón, y lo he subido. Lo que salga está bien. Ni siquiera lo he releído para corregir fallos. A veces es mejor poner las cosas tal cual salen y luego reflexionar sobre ellas. Creo que es la única manera de afrontar un texto como éste, con espontaneidad.

 

Perdonad por las faltas de ortografía que pueda tener. Esta manera de escribir ha dado lugar a un texto un poco desestructurado e inconexo, pero muchas veces los pensamientos funcionan así. Para solucionar un poco esto, lo he estructurado en base a citas de personas mucho más inteligentes que yo, que han reflexionado sobre estas cosas de manera más profunda y, sobretodo, con más experiencia en la vida (la mía es escasa, aunque eso se cura con el tiempo).

 

El texto es demasiado largo, así que he tenido que dividirlo en varias partes, lo cual no me hace gracia, pero es lo que hay. El próximo día subo la ultima parte.

 

“Cada minuto que estaba allí quería huir. No quería ver esto. ¿Cortaría y saldría corriendo o sería capaz de asumir la responsabilidad de estar ahí con la cámara?”

(James Nachtwey, fotógrafo de guerra. 2 veces ganador del World Press Photo)

 

Un cubo verde apareció tras unos matorrales. Yo solo veía el cubo, no lo que había debajo. Parecía que el cubo flotaba en el aire. Por supuesto, sabía que bajo ese cubo verde se encontraba la cabeza de una mujer (el cubo estaba demasiado alto para llevarlo un niño). El cubo comenzó a rodear los matorrales que servían de valla para que el ganado no entrase al charco de donde las personas cogían el agua.

 

Una vaca había demostrado ser más lista que los constructores de la valla, y estaba bebiendo tranquilamente en medio del charco.

 

Yo estaba grabando a la vaca mientras bebía, sin prestar mucha atención a mi alrededor. Había visto el cubo verde pasar, pero no le había hecho demasiado caso. El cubo verde se posó en el suelo, frente a la vaca. Sentada al lado del cubo, su propietaria: una chica negra que aparentaba una edad parecida a la mía, lo que en Tanzania significa que tendría unos cuantos años menos. Para los tanzanos se puede aplicar algo parecido a lo que se dice de la edad de los perros: que un año canino equivale a 7 humanos. En Tanzania, un año occidental equivale a varios tanzanos. La chica tendría unos 17 años, calculo. Aunque aparentaba bastantes más.

 

La chica del cubo verde simplemente esperaba sentada, mientras nos miraba con extrañeza: un grupo de blancos que cogía agua, la metía en botellines y apuntaba algo con un rotulador; mientras otro más joven daba vueltas en torno a la vaca, grabando con una cámara.

 

Sobre el charco de agua, en una pequeña elevación de piedra, había un pequeño pozo. O más bien podríamos decir un agujero en el suelo con unos pocos centímetros de agua en el fondo.

 

Dejé a la vaca bebiendo tranquilamente y subí a grabar el agujero en la piedra. Tras unos segundos grabando, me agaché para hacer unos ajustes en la cámara, que en ese momento estaba haciendo cosas raras con el enfoque. Noté movimiento a mi espalda, así que me giré.

 

No fui capaz de reaccionar: la chica del cubo verde, embarazada a sus 17 años ( luego nos dijeron que no era ni la primera ni la segunda vez) se estaba metiendo en el agujero del suelo. Un agujero inmundo, estrecho y pequeño, con un poco de agua en el fondo. Todos los que estábamos allí nos quedamos petrificados. No nos podíamos creer que esa chica se metiera en ese agujero asqueroso, y encima estando embarazada, mientras los hombres miraban la situación tan tranquilos, hablando de sus cosas.

 

Todo el mundo se horrorizó, se deprimió, habló de lo injusta que era la vida de esa chica, se indignó ante la pasividad de los hombres que ni siquiera miraban a la chica. Mis compañeros se quedaron paralizados sin poder continuar con su trabajo, mientras todo sucedía ante nuestros ojos.

Unos tristes, otros enfadados, observaban impotentes la escena.

 

Yo tenía otro papel distinto al suyo: tenía que sacar fotos y grabar aquello. Ser un profesional. Para eso estaba allí. ¿Sería capaz de asumir la responsabilidad de estar ahí con la cámara?

 

No.

 

Me explico: llevaba ya varios días por Tanzania, grabando y fotografiando lo que veía. Tras el impacto inicial había conseguido abstraerme de la mayoría de las cosas. Al principio es más duro, luego es más fácil. Es como una gota que cae en el agua, las primeras ondas son más fuertes, luego todo se va diluyendo.

Las personas tenemos bastante facilidad para acostumbrarnos a las cosas, incluidas las desgracias ajenas. De hecho, mientras sea ajeno no suele causarnos excesivo problema. Así que veía mujeres y niños caminando por el borde del camino acarreando cubos de agua y yo me dedicaba a grabar, preocupado por conseguir la mejor imagen posible, pendiente de la luz, del encuadre y de cuántos segundos necesitaba de ese niño cargando con el cubo de 20 kilos para que me quedase bien en el montaje. ¡Cuántos segundos!

 

No es fácil reconocer cómo puedes permanecer impasible ante ciertas cosas que ves. No se qué haría otra persona en mi lugar, pero yo reaccionaba así y hacía mi trabajo lo mejor posible.

 

Cuando vi a la chica del cubo verde meterse en el pozo, fue la primera vez que sentía el impulso de tirar la cámara y ayudarla. Coger el cubo y levantarlo, caminar hasta su casa, ahorrarle ese esfuerzo. Ahorrárselo por una vez.

 

Pero no lo hice, y me puse a grabar. Incluso le pedí a un compañero que fuera a buscarme la cámara de fotos, que no había tenido tiempo de sacar de la mochila, para no dejar de grabar lo que ocurría.

 

Digo que no fui capaz de asumir la responsabilidad de estar ahí con la cámara porque no estaba preparado, la escena me desbordó, tardé en reaccionar y tenía la mente ida, no puesta en el trabajo.

 

A mí me encanta rodar, y me encanta hacer fotos. Me siento bien cada vez que aprieto el botón de REC, o cada vez que suena el “clack” del obturador. Pero aquí no me sentía tan bien. No quería estar grabando. Quería hacer algo.

 

Racionalizándolo después, te das cuenta de que no deja de ser egoísmo por tu parte, que lo único que vas a conseguir cogiéndola el cubo es que tú te sientas un poco mejor contigo mismo. Nada más. A ella no la vas a ayudar por que la lleves el cubo ese día. Mañana todo sigue igual. Incluso la estás insultando por ello, se puede ofender por ese desprecio que le haces.

 

Esto lo ejemplifica mejor que nadie Ryszard Kapuściński: “la cuestión del agua, sin ir más lejos: hay que acarrearla desde la bomba, que está al otro extremo de la calle. Es trabajo de los niños. Las mujeres lo hacen a veces, pero los hombres, jamás. Y de repente, ante el pozo, se planta un señor blanco haciendo cola junto con los niños. ¡Ja, ja, ja! ¡Imposible!…” (Ébano, pag. 119)

 

Esto puede generar un debate y habrá mucha gente que no esté de acuerdo. Evidentemente todo cuenta, todo es un gesto y una ayuda. Pero en este caso al final todo sigue igual. La ayuda debe ser algo permanente. Debe ser un cambio sustancial.

 

La chica ni siquiera quiere que la ayudes. Aún más que la propia imagen de una chica embarazada metiéndose en un agujero en el suelo, lo que me llamó la atención es la dignidad de esa chica. Siempre con la cabeza bien alta, orgullosa ante todo. Los tanzanos son orgullosos por naturaleza.

Cuando los hombres que estaba allí vieron lo horrorizados que estábamos nosotros ante esa situación que ellos veían tan normal, se avergonzaron, dejaron su conversación y fueron a ayudarla a sacar el cubo verde del pozo.

 

Ella no les dejó. Les apartó y sacó el cubo sola. El segundo cubo que llevaba, algo más pequeño que el verde, tuvieron que arrebatárselo de las manos para que la chica les dejase sacarlo. Luego ella salió, se colocó el cubo sobre la cabeza, cogió el otro con la mano y se marchó. La sensación de dignidad que transmitía la chica era impresionante. Puede parecer raro que en una situación de ese tipo lo que más me llegase fuese eso, pero dignidad es la palabra con la que yo definiría esa escena.

 

Por eso tu ayuda a esa mujer no es ayudarla a sacar agua del pozo un día. Tu ayuda es que el proyecto sea un éxito y esa chica tenga agua segura para beber sin tener que meterse en un agujero. Y tu contribución al proyecto es que la gente sepa que hay una mujer embarazada que se tiene que meter en un agujero todos los días para conseguir agua.

 

O eso quieres creer.

 

Así que grabas. Y tomas fotografías. Y lo haces mal, la verdad, porque no estás para concentrarte en conseguir el mejor plano posible. Grabas y punto. Lo que salga. Te dejas llevar.

 

Decía Robert Capa que “si tus fotos no son lo suficientemente buenas es que no estás lo suficientemente cerca”.

 

Pero ésta vez voy a llevarle la contraria al señor Capa. Yo estaba cerca, cerquísima, tanto que podía ver los músculos tensionarse al levantar el cubo, podía sentir el esfuerzo de sacar aquellos 20 kilos de peso de ese agujero. Podía oír la respiración entrecortada de la chica. Podía ver su mirada diciéndole al hombre que no necesitaba su ayuda.

Y siendo sincero, mis fotos (o en éste caso mi grabación) son bastante malas. Las imágenes están mal encuadradas, temblorosas, la luz es pésima, el sonido inexistente… Mis imágenes son malas, poco profesionales. Pero me da igual.

Técnicamente no están bien, pero su fuerza, y lo que significan, lo que transmiten, eso si que está presente. Y supongo que a eso se refería Capa.

 

Salvo ese momento con la chica del cubo verde, el resto del tiempo no tuve excesivo problema para realizar mi trabajo. Únicamente en 2 ocasiones más se volvió complicado seguir grabando y fotografiando: hablando con una niña de 9 años y con la mujer del bebé, aquella de la que hay una foto en blanco y negro unos cuantos posts más atrás. Sin embargo, incluso en estas situaciones pude separar las cosas, abstraerme de lo que veía y oía y hacer mi trabajo.

 

La chica del cubo verde me había enseñado unas cuantas cosas sobre mí mismo y sobre mi trabajo.

 

(Foto: Roger Calabuig)

 

“De tanto hacer que no veía, me quedé ciego”,  decía una viñeta de El Roto que leí hace tiempo.

 

Mirar por el objetivo de una cámara supone quedarte ciego. 

 

Paradójico, ¿no?

 

Con las fotos, y con las horas grabadas en Tanzania, me ha pasado algo que no esperaba que me ocurriese. Mientras grababa o hacía fotos, estaba concentrado, preocupado en conseguir la mejor imagen posible. Las historias que me contaban, el dolor que padecía esa gente, la falta de esperanza que transmitían las palabras que escuchaba, no me llegaban, ni siquiera me enteraba de lo que me contaban. Es como si todo el sufrimiento no fuese capaz de atravesar el obturador de la cámara, se quedase grabado en la foto y no llegase a mí.

No es algo de lo que sentirse especialmente orgulloso, pero supongo que también es lo adecuado para unas circunstancias de éste tipo.

Pero cuando horas después veía las fotos para ordenarlas, cuando veía las imágenes grabadas para hacer un pequeño montaje o para minutar las cintas, entonces es como si todos los sentimientos, todas las sensaciones que no habían pasado más allá de la cámara, llegasen de golpe. Ya no son imágenes sin más, ahora son historias de gente que conozco.

 

Supongo que es como cuando la gente ve a un mendigo en su ciudad. La mayor parte de las veces todo el mundo los obvia, ni siquiera repara en ellos. Hacemos como que no los vemos. Cuando si te das cuenta de su presencia, cuando te preguntas cómo vive, cómo ha llegado hasta esa situación y qué le deparará el futuro, es cuando te afecta. Cuando uno piensa en esa persona es cuando se conmueve, cuando siente la necesidad de ayudarla.

 

Y supongo que lo que quiero es que la gente no se quede ciega de tanto hacer que no ve. Que aunque apartemos la mirada, siempre haya algo delante que nos recuerde que el mundo es injusto y que debemos hacer algo para cambiarlo. Que otro mundo es posible.

 

¿Porqué no?

 

Continuará…

Escrito por Enrique Torralbo.

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