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Posts Tagged ‘ken oesterbroeck’

Nota: el programa me descuadra los textos y no respeta las separaciones, no se porqué.

(Continúa de la anterior entrada)

Minutos después de dejar el pozo de la chica del cubo verde, me quedé bastante pensativo, reflexionando sobre lo sucedido.

 

“El sentimiento de culpa quizá tenía que ver con nuestra capacidad de ayudar. Manejar la culpa es fácil. Superar la incapacidad de ayudar es mucho más difícil, casi imposible.” (Greg Marinovich, fotógrafo ganador del premio Pulitzer).

 

Ésta frase del fotóperiodista sudafricano Greg Marinovich resume mi reflexión de esos momentos posteriores a dejar el pozo. No se trataba de sentimiento de culpa, en ningún momento he tenido ningún remordimiento, ni ningún problema por grabar o hacer fotos de la miseria humana que tenía delante. No creo que haya hecho mal, al contrario, creo que es un trabajo positivo, que contribuye al cambio.

 

Lo que me había dejado pensativo era la incapacidad de ayudar que teníamos en ese momento. Esa chica se había metido en un agujero a por agua, y a las pocas horas volvería a hacerlo. Y al día siguiente, y al siguiente, y al siguiente…

 

Lo que me devolvió la sonrisa, y me hizo volver a concentrarme en el trabajo y tratar de hacerlo cada vez mejor fue el pensar que sí teníamos capacidad de ayudar, que estábamos allí para realizar una acción concreta.

No se trata solo de denunciar una injusticia mediante una foto o un video. Se trata de denunciarla y ponerle remedio. Esa chica, dentro de unos meses, ya no tendrá que meterse en ese agujero.

 

Se habló después del episodio de la chica del cubo verde, como se habla siempre que sale éste debate ético sobre la fotografía, de esta famosa foto del fotógrafo sudafricano Kevin Carter:

La foto está tomada en 1993 en el poblado de Ayod, en Sudán, en el llamado triángulo de la hambruna (lo cito de memoria así que tal vez no sea del todo exacto)

 

Carter esperó durante 20 minutos a que el buitre extendiera las alas para que la fuerza de la foto fuese mayor. Al ver que el buitre no hacía nada, y simplemente se quedaba parado mirando, tuvo que “conformarse” con la foto que le haría ganar el premio Pulitzer.

 

Después, abandonó el lugar y se sentó a llorar bajo un árbol. Cuando un rato después regresó al lugar donde había hecho la foto, la niña ya no estaba allí. Nunca se supo qué ocurrió con la niña.

 

Al recoger el premio Pulitzer unos meses después, en 1994, Carter declaró:

“Es la fotografía más importante de mi carrera pero no estoy orgulloso de ella, no quiero ni verla. La odio. Todavía estoy arrepentido de no haber ayudado a la niña”.

 

Cuatro meses después, Kevin Carter se quitó la vida.

 

¿Qué hubieseis hecho vosotros en el lugar de Carter? ¿Hubieseis hecho la foto? ¿No la hubieseis hecho, a pesar de que ese era vuestro trabajo allí? ¿Cómo hubieseis actuado y, sobretodo, cómo os hubieseis sentido al día siguiente?

 

Yo hubiese hecho la foto.

 

Tal vez luego no hubiese actuado como él, pero creo que habría hecho la foto. No habría esperado 20 minutos pero sí habría hecho la foto con el mejor encuadre y la mejor exposición que fuese capaz de conseguir. Y si hubiese necesitado varios disparos, los hubiese hecho (vale, esto puedes hacerlo en 15 segundos, pero es una dura decisión de todas formas)

Luego habría llevado a la niña al reparto de comida que se encontraba a un kilómetro. Y después me pondría a llorar bajo un árbol.

 

La decisión de tomar la foto o ayudar a la persona que está delante del objetivo de la cámara no es nada fácil. Y supongo que varía en función de la situación. En el caso concreto de Carter, ¿de qué hubiese servido que hubiese ayudado a esa niña? Ese día todo hubiese ido bien, y al día siguiente, mientras Carter viajaba rumbo a otro lugar sintiéndose estupendamente, esa situación se hubiese repetido.

 

Entiendo perfectamente su sentimiento de culpa, la sensación de que no tendrías que darle al botón si no ayudar, pero siendo realistas, Carter hizo más con esa foto de lo que hubiese logrado de cualquier otra manera.

 

Esa foto removió la conciencia de millones de personas.

 

Hoy, sigue impactando y haciendo plantearse las cosas a gente de todo el planeta. Gracias a esa foto se recaudaron millones de dólares en fondos, se produjeron manifestaciones demandando soluciones, miles de cartas llenaron la redacción del New York Times (el diario que publicó la foto por primera vez) preguntando por la niña y por lo que ocurría en Sudán y en el resto de África.

 

La gente se preocupaba. Mucha gente cambió su mentalidad gracias a una única imagen.

 

Evidentemente después de hacer la foto debería haberla llevado al campamento. Pero también eso tendría que haberlo hecho con todas las personas que fotografió al borde de la muerte durante su carrera, y fueron muchas.

Kevin Carter

Foto: Kevin Carter

Nuevamente nos encontramos ante un difícil debate: ¿es ético lo que hacen los fotógrafos de guerra o todos ellos, ya que están allí, deberían dedicarse a ayudar a la gente?

 

Probablemente, Carter hizo más con esa foto que toda la gente que estaba repartiendo comida a un kilómetro de distancia. Por duro que pueda sonar. Evidentemente no son cosas comparables, pero para mí tan loable es repartir comida en un campo de refugiados como hacer esa foto. Y esa foto no la puede hacer todo el mundo, está al alcance de muy pocos.

 

Dicen que una imagen vale más que mil palabras. Esa foto vale mucho más. También dicen que una palabra vale más que mil imágenes.

 

Responsabilidad. Esa palabra vale más que mil imágenes. ¿Y cual es esa responsabilidad? ¿La de hacer la foto? ¿La de ayudar a la niña?

 

Quién sabe.

 

Unos deben centrarse en cosas concretas, como repartir un cuenco con arroz; mientras que otros deben centrarse en llegar a la gente que le da igual ese cuenco de arroz y que vive a miles de kilómetros de distancia y que cree que esos no son sus problemas. “Que se las apañen ellos solos, ellos se lo han buscado.”

Uno de los cómics que más me han gustado de los que he leído en los últimos años (y leo muchos cómics) se titula “Apuntes para una historia de guerra”, de un autor italiano llamado GIPI. En él sale otra frase que me ha hecho reflexionar sobre ésto:

 

“La guerra había llegado hasta nosotros el ocho de enero. Había otras guerras por ahí, claro, pero nosotros no teníamos nada que ver. Eran guerras de negros, guerras de árabes, guerras de eslavos. Nuestra guerra había empezado el ocho de enero, y en pocos días todo había cambiado”.

 

También lo digo de memoria, así que puede haber algún pequeño cambio en la cita. Pero refleja perfectamente que nuestra burbuja puede romperse en cualquier momento, y que todo lo que antes nos era lejano, cualquier día puede golpearnos en la cara.

Así que cuidado con pensar eso de “bah, esos no mis problemas”, porque cualquier día pueden convertirse en los tuyos.

 

Comenzaba éste texto con una cita de James Nachtwey, y con él termino:

“He sido un testigo, y estas imágenes son mi testimonio. Los sucesos que he grabado no pueden olvidarse y no deberían repetirse” (James Nachtwey)

Foto: James Nachtwey

Para mí, Nachtwey es el mejor fotoperiodista de la historia. Y la diferencia por la que él ha llegado a ser veterano y Carter se suicidó, es la actitud, la manera de afrontar las cosas, la manera de ver tu trabajo.

 

Y esa diferencia creo que es una cuestión de esperanza. Tener esperanza significa confiar en que las cosas pueden cambiar, deben cambiar y van a cambiar. Que lo que haces marca una diferencia, que aunque minúscula, es un paso adelante.

 

Que el “clic” que hace tu cámara es más poderoso que el “clic” de un gatillo. Tal vez en esto radica la responsabilidad de la fotografía.

 

Por eso al final seguía grabando y haciendo fotos, porque todo significa un pequeño paso adelante. En el caso del proyecto hay que dar muchos pasos: que los voluntarios hagan su trabajo, que los técnicos tanzanos aprendan de los voluntarios, que yo grabe y saque fotos, que tú leas esto, que haya proyectos de agua, de educación, de higiene y salud, que se alcancen los Objetivos de Desarrollo del Milenio. Que el proyecto sea un éxito.

 

Que 50.000 personas dispongan de agua, solo es el primer paso.

 

Y que como dice Nachtwey, no se olviden y no se repitan las cosas. Porque ahora vosotros también sois testigos.

 

Escrito por Enrique Torralbo.

 

PD: Una curiosidad para los que les guste un poco el fotoperiodismo: según se dice, el suicido de Kevin Carter vino motivado por 3 razones: el sentimiento de culpa por la famosa foto, las drogas, y la muerte de su mejor amigo, Ken Oesterbroeck, mientras fotografiaba un tiroteo, donde también fue herido Greg Marinovich.

Curiosamente, Oesterbroeck se encontraba a escasos metros de James Nachtwey cuando recibió la bala que lo mató.

Ken Oesterbroeck minutos antes de morir

Ken Oesterbroeck minutos antes de morir

Curiosamente, Nachtwey tiene una foto muy parecida a la famosa foto de Carter, solo que en vez de un buitre, aparece un hombre armado.

El mundo es un pañuelo. En éste caso, manchado de sangre.

 

PD2: Tras el suicidio de Carter, la foto adquirió un cierto aire de maldición que le ha restado parte de su fuerza inicial.

Recomiendo a todo el mundo que busque por Internet la biografía de Kevin Carter y del Bang Bang Club. Carter formaba, junto con Ken Oestrebreck, Joao Silva y el anteriormente citado Greg Marinovich un grupo de fotógrafos conocido como “The Bang Bang Club.”

A parte de ser interesante la historia de por sí, ayuda a entender mejor porqué Carter actuó como lo hizo.

 

PD3: también recomiendo a todo el mundo que visite la página web de James Nachtwey (www.jamesnachtwey.com) para ver sus fotos y que vea el documental “War Photographer”, dedicado a él y a su trabajo.

PD4: el texto realmente continuaba, pero creo que ya es excesivo con lo que hay.

 

 

 

 

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