Roger tenía cosas más importantes que hacer, así que el primer día de trabajo de campo de Ignacio, uno de los topógrafos, tuvimos que ir los dos solos, acompañados por los muñekitis (jefe en swahili) y los técnicos locales.
Se trataba del primer sistema de gravedad que había que topografiar, para luego poder hacer los cálculos hidráulicos. Ignacio ya había formado en topografía a varios técnicos locales, y aquí iban a comenzar a poner en práctica lo aprendido.
Así que subimos a una pequeña montaña donde estaba el sitio desde el que había que bajar el agua. Aquello parecía una selva, lo que provocó sudores fríos en Ignacio, que no sabía como narices ibamos a limpiar todo aquello para poder realizar el trabajo. La maleza y las ramas de los árboles lo tapaban todo y nos había costado horrores llegar hasta allí. Meter el trípode con el teodolito o bajar una tubería por allí parecía ser algo bastante complicado.
5 minutos tardó la comunidad local en despejar todo, a golpe de machete.
Nos dejaron con la boca abierta. Lo que para nosotros se iba a convertir en un serio problema, ellos lo solucionaron en 5 minutos con un poco de colaboración y bastantes machetes.
Unos machetes un poco peculiares, porque a pesar de tener el mango preparado para poder cogerlo solo de una manera (si lo cogías al revés era de lo más incómodo) tenía filo por lo dos lados de la hoja. Luego descubrimos que la posición incómoda es para los trabajos “de precisión” como por ejemplo pelar la corteza de la caña de azúcar que crece al borde de los arroyos.
Los machetes nos parecieron de lo más curioso, así que Ignacio le preguntó a un hombre de la comunidad que cómo los fabricaban, si cada uno se hacia el suyo o había algún taller artesano por la zona.
“Son chinos”, nos dijeron.
Allí había 50 personas, y todo el mundo llevaba machetes y cuchillos chinos. Ni uno solo fabricado en Tanzania o en otra parte de África. Lo que hacían era comprar el machete y como mucho le cambiaban el mango si se rompía al cabo de un tiempo.
Si te paras a pensarlo es completamente lógico, pero en su momento nos impactó porque esperábamos una fabricación artesanal, no una compra masiva de machetes chinos en un “todo a 100″ tanzano.
Más tarde Roger nos contó también que por ejemplo todos los coches, camiones y autobuses son coreanos, y que todo tanzania está plagado de productos asiáticos por todos lados.
Y de Cocacola, pero ese es otro tema.
Para explicar esto, vuelvo a las palabras de Ryszard Kapuscinski porque yo no sería capaz de explicarlo mejor. Ésta vez del libro “Los cínicos no sirven para éste oficio”:
“¿Sabe cuál es la nueva potencia económica en África?
China.
Pekín produce mercancías que África puede comprar. Son productos que cuestan poquísimo dinero y son cosas necesarias para los africanos. Zapatos, lápices, sandalias, palanganas, radios pequeñas, aparatos electrónicos elementales, camisas, tejidos: los mercados africanos están llenos de objetos made in China.
Cada pueblo, hasta el más perdido, utiliza productos chinos. Los estudiantes, en las escuelas rurales, utilizan libretas chinas. Son productos todos ellos que cuestan un dólar, un dólar y medio como mucho. Ni un céntimo más. Las mercancías europeas son demasiado caras para África. Y ninguna empresa europea puede producir para clientes que no tienen dinero. China y, en menor medida, la India, no tienen rival. Se trata de un fenómeno singular: es como si se hubieran reabierto, en estos últimos años, las rutas tradicionales, caminos ya recorridos hace cientos de años. Las primeras vías comerciales, mucho antes de la llegada de los blancos, enlazaban África con Oriente, unían las costas del océano Índico con Asia, a la península arábiga con el Oriente Medio. Mercaderes indios y chinos vendían, hace miles de años, sus mercancías en Somalia, en Mozambique, en Kenia. La cultura asiática influyó, de forma palpable, en la religión, la cultura y los comercios africanos. Aquellos antiguos vínculos están reconstruyéndose hoy”.
Escrito por Enrique Torralbo.















Pues ha quedado bien claro, lo que yo me pregunto es como sabias que ese texto estaba en ese libro “los cinicos no sirven para este oficio”.
Desde luego despejar aquello fue trabajo en equipo, esta claro que no es el dinero lo que les une, se pusieron de acuerdo todos enseguida. Toda una lección.
El libro lo leí cuando volví de Tanzania. Cuando leí ese texto me acordé de la anécdota de los machetes, por eso lo he puesto.
Lo que no ha contado Quique es el miedo que pasé cuando me quedé sólo aquel día. Por unos instantes fui el único blanco entre todos aquellos paisanos de ojos rojos, ensangrentados me pareció entonces.
Una de las cosas que más impresiona cuando llegas a Serengueti es el trabajo comunitario; pueden ser desordenados, llegar tarde, impedir ir a la escuela a los niños, pero cuando llega la hora de trabajar hombro con hombro son únicos.
También recuerdo de aquel día a Quique cargado con su cámara de vídeo, de fotos y el famoso trípode… y a las mujeres llevar los pesados “benchmark” de hormigón sobre sus cabezas, la curiosidad de los niños cuando nos veían trabajar y como repartieron, y nos ofrecieron, caña de azúcar cuando las fuerzas empezaron a decaer.
¡¡Todo aquel esfuerzo valió la pena!!
Saludos.